Ayer el Ayuntamiento de Madrid dio a conocer el fallo del Jurado del concurso “Reinventing Cities” con propuestas para la rehabilitación de la fábrica CLESA del arquitecto Alejandro de la Sota.

Estamos preocupados. Estamos preocupados porque la arquitectura del proyecto ganador no garantiza, a nuestro entender, uno de los objetivos, de los muchos objetivos que tenía el concurso: “El Proyecto debe ser capaz de mantener el ambiente, los valores y el espíritu de la obra original”. Lo que conocemos de la propuesta ganadora, desde nuestro punto de vista, no garantiza que se mantendrá “el ambiente, los valores y el espíritu de la obra original” tal y como reza la convocatoria del concurso. Así lo dijimos en la reunión del jurado y así se lo hemos transmitido al Ayuntamiento con quien queremos seguir colaborando.

La fábrica CLESA de Alejandro de la Sota es objeto de estudio en las Escuelas de Arquitectura españolas y en el extranjero; sus planos, croquis, sus fotografías se han expuesto en Suiza, Alemania, Gran Bretaña o los Estados Unidos, ha sido objeto de tesis doctorales y aparece en los manuales de arquitectura moderna internacionales como los de William Curtis o Kenneth Frampton. Poner en valor la arquitectura de un edificio singular, excepcional, patrimonio de la ciudad y de la arquitectura industrial española, no es conservar fachadas, conservar volúmenes o conservar la carpintería. Es algo más. Y la búsqueda de ese “algo más” marca la diferencia entre el fracaso y el acierto. No perdamos esta oportunidad.

Ha ganado una propuesta que regenera el espacio público y el barrio, que incorpora la investigación y la innovación, la internacionalización y la creatividad, nada de esto es incompatible, muy al contrario, con mantener una arquitectura excepcional, salvaguardada de la piqueta por los propios convecinos y ejemplo internacionalmente reconocido de la arquitectura madrileña y una obra de referencia presente y futura para los arquitectos. Lo que ahora hagamos permanecerá en pie durante decenas en años para recordarnos si fuimos o no lo suficientemente diligentes, lo suficientemente exigentes.

Pero estamos a tiempo. El papel del Ayuntamiento de Madrid es clave. Queremos colaborar para que, junto con otras instituciones como el COAM o la Fundación DoCoMoMo podamos fijar los criterios que pongan en valor la arquitectura que el edificio tiene. Parece necesario tener que recordar que salvar la arquitectura de este edificio industrial como patrimonio ciudadano, está en el origen de todo, de estos años de idas y venidas y de este concurso. Es la arquitectura y sus valores lo que está detrás de todo. No lo olvidemos una vez más; que no tengamos que lamentarnos una vez más.